INTRODUCCIÓN
Conocer y extender el conocimiento de la historia y las costumbres de nuestro municipio a las nuevas generaciones, es una tarea fundamental para llegar a comprender nuestras raíces y así encontrar nuestra identidad como chiautlenses, mexiquenses y mexicanos.
Lo anterior cobra mayor relevancia ante la constante influencia de modos y hábitos de vida extranjerizantes, inducidos por los medios masivos de comunicación que nos hacen olvidar nuestra riqueza cultural.
Exaltar y hacer prevalecer ese legado histórico constituye el objetivo de este modesto trabajo, logrado gracias al interés del Gobierno del Estado de México por difundir y conservar la cultura y los valores de los municipios.

HISTORIA. EL MUNICIPIO A TRAVÉS DEL TIEMPO

PREHISTORIA
Los vestigios arqueológicos descubiertos en años recientes en la zona central del país datan del Pleistoceno, esto es, de hace unos 20,000 años, aproximadamente, los descubrimientos de Helmot, en 1946, actualmente conocidos como el Hombre de Tepexpan, y los restos de mamut encontrados en Atenco, municipio cercano a Tepexpan, indican la presencia de pobladores en el Estado de México desde hace por lo menos 12,000 años. Estos hombres fueron recolectores y cazadores nómadas.

FUNDACION Y PRIMEROS POBLADORES
De acuerdo con las investigaciones de estudiosos en la materia, se desprende que fueron los otomíes los primeros pobladores del Valle de Anáhuac; estas tribus, que se caracterizaban por ser recolectoras y cazadoras nómadas, se asentaron después de los chichimecas establecidos en Amaquemecan, al pie de lo que es hoy el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Los mapas Tlotzin y Quinatzin indican las cuevas en donde vivían, lo mismo los cementerios recién descubiertos por M. Charnay en Tenenepanco, a las faldas del Popocatépetl, a una altura de 12,500 pies. Así mismo Ixtlilxóchitl explica la existencia de esos primeros pobladores chichimecas en cuevas o casas cubiertas de paja; según él, utilizaban para la caza armas como el arco y la flecha, además de las cerbatanas. Su alimentación se basaba principalmente en la caza del venado, conejo, víboras, y en la recolección de tunas y mezquites; se sabe que ya bebían pulque. Por los indicios encontrados se supone que los chichimecas hablaban náhuatl, pues los nombres del lugar pertenecen a esta lengua.

Los chichimecas se extendieron por las montañas del sur hasta encontrarse con los otomíes; las crónicas señalan que su rey fue Icoatzin o Icauhtzin, quien subió al trono el año trece ácatl (647) y dio a los toltecas a su hijo Chalchiuhtlanetzin como rey; con él se inició la creación de varias ciudades del Anáhuac.

Con referencia a los primeros pobladores al Valle de Anáhuac, también se cita la tradición del cacique de Acaponeta, quien señala que dos distintas emigraciones, en diferentes épocas, llegaron a la laguna donde están México y Tezcoco; la primera vino del occidente, de lo que se infiere que fueron los chichimecas de Amaquemecan los que primero se asentaron en el valle, durante el siglo VII, a las faldas del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl; la segunda llegó cinco siglos después, en el XII, bajando por la meseta central y penetrando por el valle hacia el norte.

Uno de los personajes importantes en la vida de los poblados de la meseta central es Xólotl, quien integró su ejército con gente chichimeca, huasteca y otomí, ampliando paulatinamente su territorio y dando lugar a la gran dinastía tezcocana.

A la muerte de Xólotl, en el año trece tépetl (1232), en Tenayucan, le sucédio su hijo Nopaltzin, quien se caracterizó por organizar su imperio. Durante su reinado se señala la fundación de Tezcoco, por su hijo Quinatzin. Nopaltzin, murió en el año cinco ácatl (1263).

Le sucedió en el mando Tlotzin, hijo de Quinatzin, quien expidió leyes para que los chichimecas se dedicasen a la agricultura, con lo que contrarió sus costumbres. Le siguieron Quinatzin hijo, quien estableció su capital en Tezcoco, Techotlalatzin, Ixtlilxóchitl, Tezozómoc, Maxtlaton, Nezahualpilli, Cacamatzin, Cucuicatzin y Coanacechtzin. Es importante hacer notar que durante el reinado de Techotlala, éste dividió su territorio en dieciocho señoríos, y éstos, a la vez, en 47 divisiones que reconocían su dominio y pagaban tributos, entre ellos se encontraban Chiauhtla, Tecalco, Otompan, Tepechpan, Papalotla y Tepetlaoxtoc.

Hacia 1510, de acuerdo a un códice escrito en México, se asignaban los tributos pagados a los señores de México, Tezcoco y Tlacopan. Este códice enlista los señoríos que pertenecían a Tezcoco y formaban su territorio: Huexotla, Cuatlinchan, Chimalhuacan, Otompan, Teotihuacan, Tepetlaoxtoc, Acolman, Tepechpan, Tezonyocan y Chiautla, entre otros.

De lo anterior se desprende que Chiautla, en la época prehispánica, perteneció a Tezcoco. Sin embargo, no se cuenta con datos precisos que sustenten la afirmación del general José Vicente Villada que sitúa la formación del municipio en 1358.

La vida de Chiautla estuvo ligada al acontecer del imperio tezcocano, y con ello la grandeza del rey poeta Nezahualcóyotl (1402 – 1472). En el año trece tochtli (1414), su padre, Ixtlilxóchitl, antes de iniciar la ofensiva contra Tezozómoc, hizo heredero del trono a su hijo Nezahualcóyotl, que apenas cumplía 12 años de edad y le encargó asimismo la venganza. Más tarde, con la ayuda de los pueblos amigos, Nezahualcóyotl recobró su reino, el 11 de agosto de 1427, según la crónica de Ixtlilxóchitl. Sobre esto, se señala que en Chiautla, Nezahualcóyotl fue avisado de que los huejotzincas y los tlaxcaltecas habían derrotado al tirano Maxtla y habían recobrado el trono de su padre cuando éste, se encontraba ubicado en el “cerrito” dentro de la Cabecera Municipal, sitio que se ocupó para festejar en época reciente “La Batalla del 5 de Mayo de Puebla”. Terreno que ha sido adjudicado irregularmente por el C. Benjamín Rodríguez Palma.

Así, Chiautla, como señorío perteneciente a Tezcoco, tuvo una importante participación en las frecuentes disputas que surgieron entre los tecpanecas, tlaltelolcas y chalcas.

LA COLONIA

Durante el primer periodo colonial, Hernán Cortés pretendió que Tezcoco, considerado como una provincia con sus cuatro cabeceras cercanas a Huexotla, Cuatlinchan y Tezoyucan, quedara en poder de la Corona, pero revocó inmediatamente esta determinación y se adjudicó la provincia.

La Segunda Audiencia, en 1531, colocó a Tezcoco en poder de la Corona; y por último, en 1541, por orden del virrey Antonio de Mendoza, Tezcoco y sus cuatro provincias quedaron encomendadas al monasterio de los agustinos en México, lo que quiere decir que Chiautla no tuvo encomendero particular. No obstante la disposición de que los sujetos a Tezcoco estuvieran bajo la encomienda de los agustinos, la iglesia de Chiautla fue fundada y atendida por los franciscanos, de 1688 a 1768, año en que pasó al clero secular.

Entre los acontecimientos coloniales que podemos anotar como destacados en la vida del pueblo se encuentran los que se refieren a la tenencia de la tierra, principalmente.

En 1555 se dio licencia a don Martín, gobernador de Chiautla, para que usara varas para medidas de longitud. En 1595 se ordenó al alcalde de Tezcoco examinase un sitio a fin de instalar un molino para pan y poderse batir la masa en Chiautla. Al parecer, éste fue el primer amasijo que hubo en Chiautla.

En 1613, a petición del gobernador y alcalde de Chiautla, se concedieron dos caballerías de tierra para uso de la comunidad. El 21 de julio de 1613 se dio mandamiento para que Gaspar de Vargas recibiera dos caballerías más de tierra que iban de Chiautla a Otumba, y en 1615 se dio a Leonardo Delaño una merced de dos caballerías de tierra en esta jurisdicción. Sin embargo, el 26 de julio de ese mismo año se otorgó el permiso al propio Delaño para vender esas dos caballerías de tierra.

El 3 de julio de 1615 se dio mandamiento para que Juan de Ayala tuviera cuatro caballerías de tierra y sus sujetos: La Purificación, La Asunción, San Bartolomé y Santiago Nativitas, que colindaban con terrenos de Leonor de Dueñas y de Juan Muños de Campo.

De acuerdo a un documento que data de 1793, Ocopulco se separó de Tezoyuca en ese año, pasando de barrio de La Encarnación Ocopulco a pueblo, para posteriormente integrarse al municipio de Chiautla.

Asimismo, el 24 de noviembre de 1608, el virrey Luis de Velasco, marqués de Salinas, concedió a nuestros próceres de Ocopulco 22 y media caballería de tierra y tres naranjas de agua, de acuerdo a un documento que obra en poder del comisariado ejidal de esta población. Por otra parte, este mismo documento señala que la tribu antecesora de las comunidades de San Lucas, Huitzilhuacán, Tlaltecahuacán, Ocopulco y posiblemente Tepetitlan y Chimalpa, se asentaron en un lugar denominado Corral, lugar que se encontraba localizado en el Cerro del Tezontlale, y después se instalaron en lo que hoy es San Bartolo Ixquitlán (se sabe que aún después de haberse fundado dichas comunidades, sus difuntos eran enterrados en el cementerio que se localizaba en esta última población.

La influencia de la arquitectura europea en las construcciones de esta época cristalizó en inmuebles eclesiásticos, como la parroquia de San Andrés, que se encuentra ubicada en la cabecera municipal; la capilla de San Bartolo Ixquitlán, el templo de Huitznáhuac y las iglesias de Atenguillo y de Ocopulco. Esta última fue construida en 1800; por su cercanía al cerro El Tezoyo (“lugar de tezontle”), su torre se encuentra construida de tezontle rojo, el que a pesar de ser de un material característico de la zona, se empleó muy poco.

Dentro de la organización y forma de trabajo, la hacienda constituyó un centro productivo importante de aquella época. La Hacienda La Grande, que se encuentra en el territorio de Atenco, abarcaba porciones importantes de los pueblos de Ocopulco, San Lucas Huitzilhuacán, Tlaltecahuacán, San Bartolo Ixquitlán y Chimalpa, áreas que posteriormente, con el reparto de tierras, formarían los ejidos de esas comunidades.

SIGLO XIX. EPOCA INDEPENDIENTE, REFORMA Y PORFIRISMO
Durante la independencia del País, en Chiautla surgió un combatiente que llevó por nombre Victoriano de la Cruz, insurgente que libró duras batallas, enfrentándose a los realistas, en Texcoco, Papalotla, Calpulalpan y Llanos de Apan, con triunfos para la causa independentista.
Al consumarse la Independencia de México, el Estado de México se erigió como tal el 2 de marzo de 1824 y Toluca fue nombrada residencia de los supremos poderes del Estado de México en 1830.

El acta constitutiva de la Federación Mexicana, expedida el 31 de enero de 1824, fue la primera Ley Fundamental del México Independiente y el antecedente inmediato que sirvió para organizar los estados, mientras se redactaban sus constituciones locales y aun la General de la República.

Fue la Constitución Federal del cuatro de octubre de 1824 la que en forma definitiva creó las entidades federativas que nacieron en ese año.

Aceptando lo estipulado en el Acta Constitutiva, el Congreso del Estado de México declaró el 2 de marzo de 1824 estar instalado legítimamente y, por lo consiguiente, haber iniciado sus funciones.

Sin embargo, Chiautla obtuvo el carácter de municipio con ayuntamiento propio el 15 de julio de 1820; fue una de las localidades que aprovecharon las disposiciones de la Constitución de Cádiz para nombrar sus autoridades, lo que también aprovecharon, entre otros, los municipios de Texcoco, Atenco y Acolman.

Posteriormente, al parecer por algunas disputas, Chiconcuac obtuvo, el 14 de octubre de 1868, su independencia con respecto a Chiautla; fue éste el último movimiento para definir el actual territorio de nuestro municipio.

Sin embargo, los periodos para los ayuntamientos fueron irregulares durante casi todo el siglo pasado, debido a que no estaba bien hecha la definición y requisitos para formar parte de ellos.
Así, encontramos periodos de 2 años en los primeros tres gobiernos y, posteriormente, de un año, e inclusive de cuatro meses, como se observa de 1900 a 1907. Es hasta 1930 cuando, siendo presidente municipal José Palma, se instituye el periodo presidencial de dos años. Y es en 1946-1948, durante la administración de Gumesindo Díaz Herrera, cuando se le aumenta a tres años.
La incipiente organización de los municipios dio lugar a que los ayuntamientos, en un momento dado, estuvieran ajenos a las disposiciones de las cartas magnas vigentes en nuestro país.

Antecedentes del Movimiento Revolucionario de 1910
Los últimos dos periodos presidenciales del Gral. Porfirio Díaz en el año de 1900 y 1904; fueron precedidos por una férrea dictadura a finales del siglo XIX, pues se encontró un documento en donde las injusticias que se cometían en contra de los campesinos era de tal suerte a favor de los hacendados, que en el año de 1897 la Jefatura Política de Texcoco envía al C. Avelino Buendía un escrito en donde lo apercibe de no interrumpir los trabajos de campo que realizan trabajadores de la Hacienda La Grande. De lo contrario lo hará responsable y serán aprehendidos y puestos a disposición de esta jefatura aplicándoles las penas en que hayan incurrido. Como se observa la parcialidad de la aplicación de la Ley a favor de los terratenientes en la época de la Dictadura del Gral. Porfirio Díaz del entonces ex jefe Político en Texcoco Carlos Ma. González.

SIGLO XX. LA REVOLUCIÓN

La gesta revolucionaria de México, que se inicio con Francisco I. Madero, Villa, Carranza y Zapata, en el Municipio de Chiautla, su repercusión tuvo un acontecimiento trascendente, ya que contaron personajes de la población de Ocopulco de avanzada edad, como Cruz Ramos Buendía, Cornelio Magno y Justo Rosales Rojas narraciones con testimonios de esos hechos, antes y después del inicio del movimiento el 20 de noviembre de ese año, narran que el señor Melesio Morales, originario de Joronango Puebla era cabo en los Ferrocarriles Nacionales y que en su paso por esta región, conoció a Matea Buendía Martínez, hija de Don Avelino Buendía, con quién se casó.

Al paso de los años se enroló en las filas de Emiliano Zapata, en el estado de Morelos, quién al acompañar al indio suriano, al ser invitado por su amigo de lucha, Don Sebastián Bojorges, para festejar su cumpleaños el día 20 de Enero de 1913, arribó el día 21 al “recalentado”, en donde fue recibido por cientos de campesinos en la Estación del Ferrocarril denominada “Robles”, y por su puesto por la Familia de Don Sebastián, acompañado de la señorita quinceañera Esperanza Bojorges Reyes, que durante su festejo bailó un vals con el general Emiliano Zapata Salazar, estableciendo su cuartel general en este Barrio de Ixquitlán, sobre el cerro del Fortín que hasta la fecha lleva su nombre, frente al Puente de Santa Ana del Río Papalotla. El General Emiliano Zapata durante su estadía se impresionó por la torre de tezontle construida en el año de 1800, cuando preguntó a Melesio de donde era ese templo, le contestó del lugar de su suegro Avelino Buendía, quién después de ese recibimiento tuvo una entrevista con su persona, que salió convencido por el Ideal revolucionario de su Plan de Ayala, de Tierra y Libertad, ya con un nombramiento del General como representante de todas las poblaciones que circundan la región y concretamente Avelino Buendía con 35 hombres de Ocopulco, Tezoyuca, Chiconcuac y Atenco invadieron la Hacienda La Grande, un 20 de noviembre de 1914, adjudicándose los terrenos de la Hacienda de la Grande, que administraba el señor Manuel Anaya y que era propiedad de Indalecio “N”, esta invasión desbordó la codicia y ambición de los lugareños que aprovecharon para saquear el interior de la hacienda, con toda clase de muebles, loza y animales y que ya no fue controlada por estos luchadores sociales. Existen documentos encontrados en el archivo Municipal de la Presidencia de Chiautla, en donde el C. Fortino Cleto, en nombre de la justicia le envía un escrito al Presidente Municipal de Atenco para que los vecinos de esa jurisdicción hagan entrega del ganado y demás objetos que como Botín se llevaron de esa finca.

Avelino Buendía y sus seguidores, actores y testigos de la brutalidad y del abuso del poder de la época de Don Porfirio Díaz, pues antes de este movimiento agrario en el año de 1897, Avelino denuncia un atropello al abrir una zanja muy ancha invadiendo terrenos propiedad de Ocopulco y la tierra que sacaron la echaron los trabajadores por órdenes de los capataces de la Hacienda al lado de Ocopulco, tapando las milpas de maíz y aplastando toda la milpa en plena producción, razón por la cual le envían un escrito al Jefe Político de Texcoco, de apellido Vázquez, y lo suscriben el propio Avelino Buendía, Francisco Ramos, Inocencio Buendía, Román Rodríguez, Damián Medina, Teodoro Rojas, Mariano Ramos y Nicanor Jiménez; la contestación del Jefe Político fue en el sentido de hacerlos responsables de la alteración del orden publico por entorpecer estos trabajos de la Hacienda, su pena de ser aprehendidos por falta de acatamiento a esta disposición e imponerles todo el rigor de la Ley.

Todos estos antecedentes de represión. Avelino Buendía con mayor firmeza no claudicó en sus convicciones y por ende la invasión de las tierras de la Hacienda La Grande, obedecía también por recuperar terrenos del “Rosario y de la Encarnación” que años antes se los había despojado el propietario de la hacienda en cuestión.

Al año siguiente, en 1915 las lluvias fueron escasas, ya que llovió hasta el mes de junio. Nos narra que nadie se atrevía a tomar las cosechas que por el mes de enero o febrero todavía estaban en las parcelas sin pizcar. Avelino Buendía y un grupo de hombres tomaron tierras, pero debido a la presión moral y religiosa que ejercía el párroco de Tezoyuca, los habitantes de este municipio no entraron a tomar las tierras, ya que se les acusaba desde el púlpito de “agarristas”, lo que motivó que las poblaciones de Chimalpa, Chiconcuac y San Pablito fueran las que secundaran al pueblo de Ocopulco y se hicieran de las parcelas que más tarde serían sus ejidos.

Avelino Buendía fue llamado por el administrador de La Hacienda La Grande para que dejara el agrarismo y depusiera su actitud “despojadora”; se le ofrecieron tres talegas llenas de plata, oferta que no aceptó, ya que Zapata le había dado un documento que avalaba la legitimidad de su acción reivindicadora sobre esos terrenos, a favor de los pueblos. Se dice también que en el mes de junio de ese año vino una barrancada en el cauce del Río Papalotla, y como las zanjas de la hacienda no estaban bien desazolvadas, el agua entró y regó grandes superficies de tierra que los campesinos ya habían tomado. Cultivar estas tierras fue un problema, pues casi todos los campesinos carecían de yuntas; las que eran propiedad de los señores Calixto Ramos y Damián Ramírez, no eran suficientes para sembrar, por lo que el pequeño grupo de campesinos sembraron los lugares más húmedos a pala y entre el césped.

Los que hoy son los ejidos de Tlaltecahuacán, Ocopulco y Tezoyuca, constituyeron la primera dotación agraria que Zapata entregó al pueblo de Ocopulco. Como consecuencia de esta entrega de tierra, Avelino Buendía fue acosado por las huestes de Obregón y Carranza, a las que, a su paso por Tepexpan, fue denunciado, motivo por el cual estuvo vigilado día y noche, y tuvo que esconderse en un subterráneo que existía en la casa de la señora Juana Buendía, hasta donde se le hacían llegar los alimentos y de donde salía sólo por la noche.

El grupo beneficiado en esta lucha agraria se movilizó y en la Ciudad de Texcoco, Urbano ávila y Florentino de la O, en forma accidental, se encontraron con el señor Macuil, pirotécnico de San Martin Tezmelucan, Puebla, que quemaba cada año en la fiesta del 25 de marzo en Ocopulco, y le platicaron de la grave situación en que se encontraba Avelino Buendía, perseguido por las tierras entregadas a Ocopulco. El señor Macuil, ya con grado de coronel, les extendió un salvoconducto, dándoles además una carta de recomendación en la que se señalaba a Buendía como hombre trabajador y honesto. Regresaron e hicieron valer ante los carrancistas este documento que salvó de la muerte a Avelino Buendía.

Cabe mencionar, que las primeras tierras que entregó Zapata por esta región, se le dieron al pueblo de Ocopulco con terrenos de la Hacienda La Grande, de San Bartolo Ixquitlán, desde donde estuvo su cuartel, por el oriente, hasta el Río Papalotla, por el poniente, y desde el norte, por la regadera de la hacienda, hasta el camino real, por el sur, que da a la Hacienda La Grande.

El clero influyó demasiado en esta época, ya que desde el púlpito los sacerdotes intimidaron a la gente, y especialmente a los de Tezoyuca, para que no tomaran las tierras, razón por la cual sólo tienen una franja de terreno en El Rosario, al lado del rio. Nemesio Morales, Herculano Díaz, Atilano Martínez y Nicanor Jiménez, formaron parte activa del ejército revolucionario de Emiliano Zapata y murieron defendiendo la causa agraria, pues ya no volvieron a la población; se sabe que en el cuartel general del Cerro El Jilguero, en Morelos, fueron sitiados por los carrancistas y murieron durante el intento de fuga. En Ocopulco, Avelino Buendía, Cruz Ramos, Pedro Ramos, Cornelio Magno, Porfirio Rojas, Miguel Ramos, Florencio Buendía y demás seguidores, hicieron efectivo el Plan de Ayala. El único sobreviviente fue el señor Mariano Magno, que desertó de las huestes carrancistas en las que militaba.

Testimonio del paso de Emiliano Zapata por esta región es la existencia de una nieta suya, de nombre María Elena Zapata, que vive en San Bartolo Ixquitlán y de un bisnieto el Lic. Alejandro Bojorges Zapata, que ya fue regidor del H. Ayuntamiento de Chiautla, Diputado Local y Presidente Municipal de este Municipio.

HOMBRES ILUSTRES Y DISTINGUIDOS
Desde la erección del municipio (15 de julio de 1820) hasta 1986, Chiautla ha sido representado por cien presidentes municipales que, de algún modo, han sido los hombres representativos de la población. Sus nombres son los que aparecen a continuación:

PERIODO – NOMBRE

1820 – 1822 C. Maurio Julián
1823 – 1827 C. Miguel Herrera
1828 – 1830 C. J. Antonio Caballero, C. José Velazco
1831 C. José Gervacio Sánchez
1832 C. Miguel de Herrera
1833 C. José Velasco
1834 C. Miguel de Herrera
1835 C. José Mariano
1836 C. José Velasco
1837 – 1846 No se tiene registro
1847 – 1848 C. Ponciano Peralta
1849 C. Mariano Peralta
1850 C. José Velasco
1851 Lic. Evaristo Reyes
1852 C. Mariano Peralta
1853 – 1854 C. Severiano Díaz
1855 C. Patricio Córdova
1856 C. Patricio Córdova
1857 – 1860 C. Miguel álvarez Arriaga
1861 C. Miguel de Herrera
1862 C. Julián García
1863 C. Tomás Mendoza
1864 C. Francisco León, originario de Chiconcuac
1865 C. Patricio Córdova
1866 C. Julián García
1867 C. Pascual Luna
1868 C. Pascual Luna, el cual firmó el convenio de separación de Chiconcuac, con fecha 14 de Octubre
1869 – 1873 No se tiene registro
1874 – 1876 C. Matías Bojorges
1877 C. Inés Rivera
1878 – 1880 No se tiene registro
1881 C. José Ma. Velasco
1882 C. Juan Reyes
1883 C. Inés Rivera
1884 Pbro. Luis Téllez Girón, encargado del templo parroquial
1885 C. Matías Bojorges
1886 – 1888 C. Luis Serafín
1889 C. Juan Reyes
1890 C. Francisco Jiménez
1891 – 1892 C. Enrique Castro
1893 C. Juan Reyes
1894 C. Matías Bojorges
1895 – 1896 C. José Emiliano Castro
1897 C. Crescencio Herrera
1898 C. Enrique Castro
1899 C. Francisco Mendoza
1900 C. Francisco Mendoza
1901 – 1904 C. Juan Reyes
1905 C. Bruno Reyes
1906 Tres presidentes en periodos de 4 meses cada uno: C. Matías Bojorges, C. Marcelo Ramos y C. Crescencio Herrera
1907 C. Plácido Mendoza
1908 – 1909 C. Juan Reyes
1910 C. Crescencio Vargas y C. Hilario Palma
1911 C. José Ma. Ponce
1912 C. Cipriano Ramos
1913 C. Mariano Ramos
1914 C. Tomás Mendoza
1915 C. Juan Reyes y C. Romualdo Urbina
1916 C. Francisco Villalba, C. Pablo Rodríguez
1917 C. Sebastián Zacarías
1918 – 1921 C. Mariano Ramos, C. Isac Rivera
1922 C. Clemente Ramírez
1923 C. Francisco Villalba
1924 C. Onésimo Ramos
1925 C. Francisco Serrano
1926 C. Carlos Ponce de León
1927 C. José Trinidad Ponce
1928 – 1929 C. Benito M. Buendía
1930 – 1931 C. José Palma
1932 C. Hilario Ruiz y C. Manuel Herrera
1933 C. Pedro Villalobos y C. Manuel Herrera
1934 – 1935 C. Porfirio Miranda
1936 – 1937 C. Carlos Rodríguez
1938 – 1939 C. Romualdo Rodríguez Mauro
1940 – 1941 C. Carlos Rodríguez
1942 – 1943 C. Manuel Castro
1944 – 1945 C. Manuel García Espinoza
1946 – 1948 C. Gumersindo Díaz Herrera
1949 – 1951 C. Manuel Castro Ponce
1952 – 1954 C. Francisco Conde Saavedra
1955 – 1957 C. Genaro Moreno Villalba
1958 – 1960 C. Francisco Zacate Martínez
1961 – 1963 C. Benjamín Arellano Pacheco
1964 – 1966 C. Francisco Marchena Ponce
1967 – 1969 C. Adolfo Catorce Escobar, C. Fernando Buendía Sánchez (1967, por ministerio de ley)
1970 – 1972 C. Felipe Aguilar Osorio
1973 – 1975 C. Ricardo Bojorges Castro
1976 – 1978 C. Lucio Buendía Flores
1979 – 1981 Ing. Francisco Rodríguez Valencia
1982 – 1984 Profr. Héctor Velasco Mauro
1985 – 1987 Lic. Fernando Buendía Sánchez
1988 – 1990 Lic. Simón Arellano Escobar
1991 – 1993 C. Ricardo Bojorges Castro
1994 – 1996 Lic. Juan Herrera Herrera
1997 – 2000 Lic. Alejandro Bojorges Zapata
2000 – 2003 C. Ricardo Bojorges Castro
2003 – 2006 Ing. Santiago Mejía Conde
2006 – 2009 Lic. Gonzalo Bojorges Conde
2009 – 2012 Profr. José Cázares Quezada
2009 – 2012 Lic. María Félix Prado Aguilar
2009 – 2012 José Julio Ángel Uribe Madrid
2013 – 2015 Lic. Gonzalo Bojorges Conde